El pasado 26 y 27 de Enero de 2008 tuvo lugar en el IFEMA de Madrid la representación de “El Barbero de Sevilla” de Gioachino Rossini con la Producción de Martin Otava y la Ópera de Praga…

Fue hace muchos años, en Febrero del año 1792, cuando nació el célebre Gioachino Rossini, el inmenso creador del Barbero de Sevilla, una ópera cómica, de una belleza en sus líneas melódicas fabulosa, que vió la luz en 1816…

Los personajes de esta brillante obra cuyo argumento escribiremos más adelante son:


El Conde de Almaviva, un noble español. (Tenor )

Don Bartolo, el médico. (Bajo )

Rosina, la pupila de Don Bartolo. (Mezzosoprano )

Fígaro, el barbero. (Barítono )

Don Basilio, el maestro de música. (Bajo )

Berta, la camarera de Don Bartolo. (Soprano )

Fiorello, el criado del Conde de Almaviva. (Barítono )


Siempre que una persona tiene la oportunidad de asistir a una recreación de estas características, piensa brevemente en el protocolo y aquí os dejo unas ideas para no transgredir las normas básicas al asistir a la Ópera:


1. Puntualidad. Una persona que llega tarde no entra hasta que hay una pausa.


2. Orden. Cuanto antes se ocupe la butaca, mejor, para que las personas que están acomodando realicen bien su trabajo.


3. Silencio. En cuanto apaguen o bajen las luces, ni un suspiro debe sonar.


4. Toses y Ruidos, prohibidos. Ten a mano un caramelo o abandona la sala.


5. Aplausos. Sólo cuando termina la ejecución de cada pieza o tramo de la obra.


6. Vítores. Se permite algún: “Bravo!”, pero silbar es símbolo de descontento.


7. Propinas. Están bien vistas al acomodador/a y al recoger el abrigo.


8. Vestuario. Clásico, no suelen permitir ropa deportiva o vaqueros rotos.


Y lo prometido es deuda, aquí está el argumento expandido de “El Barbero de Sevilla” ( Aviso, aquí se cuenta el Final… si te interesa la obra, sólo has de leer el Primer Acto, para entrar en calor… )


Primer Acto

Una plaza en Sevilla, al amanecer. El conde de Almaviva ha preparado una serenata para la Bella Rosina, pupila del doctor Bartolo. Los músicos ocupan sus puestos en silencio y el Conde canta al pie de la ventana. Como Rosina no aparece, paga a los músicos y se queda aguardando, pero se esconde al oír que alguien se acerca. Es Fígaro, el barbero de Sevilla, quien hace gala de su profesión, que le abre todas las puertas de la ciudad y le permite participar en todas las intrigas amorosas. Cuando llega reconoce al Conde, pero éste le pide que no revele su nombre, ya que ha seguido en secreto a Rosina hasta allí.

Fígaro sabe todo de ella: es la pupila del doctor Bartolo y el viejo quiere casarse con ella. El Conde, que no quiere que Rosina le pudiera aceptar a él sólo por su riqueza y sus títulos, pretende hacerse pasar por un pobre estudiante, Lindoro. Cuando ella se dispone a responder, la ventana se cierra de golpe. Como el Conde le ha prometido una recompensa, Fígaro inventa un plan. El Conde deberá entrar en casa de Bartolo vestido de soldado, pidiendo alojamiento. Si además finge estar ebrio, el tutor no tendrá sospecha alguna. Los dos deciden poner en marcha su plan.


Cuadro Segundo

En el interior de casa de Bartolo. Rosina, sola, acaba de terminar de escribir una carta a Lindoro. Aparece Fígaro, pero antes de que los dos puedan hablar, entra Bartolo. Don Basilio, maestro de música y amigo de Bartolo, trae la noticia de la llegada a Sevilla del Conde de Almaviva, enamorado en secreto de Rosina, y propone difamar al Conde por medio de rumores infundados (aria de “la calumnia”). Bartolo prefiere casarse ese mismo día con Rosina y los dos salen para redactar el contrato matrimonial. Figaro, que ha escuchado la conversación, advierte a Rosina. Al mismo tiempo que ella asegura al barbero que será capaz de enfrentarse a esa situación, Rosina manifiesta algunas dudas sobre las intenciones del joven que ha visto en compañía de Fígaro. Éste le responde que se trata de un pariente pobre que no tiene otro defecto que estar locamente enamorado de Rosina. Cuando Fígaro sugiere a la joven que escriba a Lindoro, ella le sorprende con su carta ya redactada.

Fígaro se dispone a llevársela a su destinatario. El desconfiado Bartolo acusa a Rosina de haber escrito a su amado: sus dedos están manchados de tinta, falta una cuartilla y ha utilizado la pluma. La amenaza con encerrarla en casa. El Conde, disfrazado de soldado ebrio, llama a la puerta. Dice a Bartolo que busca alojamiento. Cuando aparece Rosina, el Conde le revela que él es Lindoro. Bartolo trae una orden que le exime de dar alojamiento a los militares, pero el Conde hace volar el papel. En la confusión entrega una nota a Rosina, que ella hace pasar por una lista de la lavandería, para exasperación de Bartolo. Entran la criada Berta y Don Basilio. Fígaro regresa informándoles de que el ruido se oye en toda la ciudad. En ese momento, los soldados llaman a la puerta. Todos los personajes tratan de explicar la situación, creando un caos aún mayor. El oficial detiene al Conde , pero cuando éste extrae un documento es inmediatamente liberado. Bartolo se queda mudo de estupor, luego explota de cólera, mientras todos expresan su completa confusión ante los acontecimientos del día.


Segundo Acto.

Bartolo teme que el soldado pudiera ser un emisario del Conde de Almaviva. De nuevo llaman a la puerta. Es el Conde, esta vez disfrazado de “Don Alonso”, maestro de música, un alumno de Don Basilio, que ha sido enviado por su maestro, que está enfermo. Para ganarse la confianza de Bartolo, declara que ha robado al Conde una nota escrita por Rosina. Con ella tratará de convencer a Rosina de que el Conde está jugando con sus sentimientos. Engañado, Bartolo sale en busca de su pupila para la lección de canto. Rosina ejecuta el rondó de “la precaución inútil”. Mientras Bartolo se despierta, pues esa “ música moderna” le aburre y canta un ejemplo de la “música de su tiempo”. Fígaro viene a afeitarlo. Bartolo no quiere dejar a “Don Alonso” y a Fígaro a solas con Rosina, y envía al barbero en busca de los útiles para el afeitado. Fígaro aprovecha la ocasión para hacerse con la llave del balcón, luego deja caer los platos y los vasos para llamar la atención de Bartolo. Rosina y Lindoro se declaran nuevamente su amor. Cuando Fígaro comienza a afeitar a Bartolo llega Don Basilio para la lección de canto de Rosina. Pero los jóvenes le ofrecen una bolsa de dinero y fingen que tienen la escarlatina para que se retire. Fígaro sigue afeitando a Bartolo, mientras Lindoro y Rosina continúan con su plan.


Esa misma noche, Lindoro y Fígaro entrarán por el balcón y raptarán a Rosina. Bartolo sorprende al Conde cuando habla disfrazado y estalla nuevamente de cólera. Berta, a solas, comenta la estupidez de los viejos que quieren casarse con jovencitas. Basilio, a quien Bartolo envió un criado para buscarle, confiesa que él no conocía a ningún “Don Alonso” , y que podía tratarse del Conde en persona. El tutor, que no quiere correr riesgos, encarga a Basilio que haga venir inmediatamente al notario, para que la boda pueda celebrarse esa misma noche. Para engañar a Rosina, Bartolo le muestra su carta para Lindoro y le dice que su amado se burla de ella.


Rosina se desespera. Estalla una tormenta. Cuando Fígaro y el Conde entran por el balcón, Rosina acusa a Lindoro de querer venderla al Conde Almaviva. El Conde se arroja a sus pies y revela su verdadera identidad. Los enamorados expresan su alegría, mientras Fígaro les dice que se apresuren a escapar. Cuando se disponen a partir, la escalera ha desaparecido. Basilio entra con el notario. Fígaro aprovecha la ocasión para la boda de Rosina y el Conde. Llega Bartolo con los soldados, pero ya es demasiado tarde. El Conde de Almaviva revela su identidad y anuncia que Rosina es su esposa. A Bartolo no le queda otra opción y bendice el matrimonio. Todos desean a la feliz pareja amor y fidelidad eternos.